Inaguración del Centro de Interpretación Ataria

2009-07-28

Construido en madera y cristal, la distancia no hace justicia a un complejo que promete convertirse en el lugar de peregrinaje más concurrido de los vitorianos en los próximos meses. Un bandada de gansos colgados del techo saluda al visitante desde un hall de entrada del que se adivina todo el esplendor del humedal, al fondo de una atalaya de 36 metros de largo. El corredor, suspendido en el aire sobre una gran laguna artificial, encarama al observador al espacio protegido. Basta con abrir bien los ojos y cerrar la boca para comprobar que la relajante postal es, en realidad, el hábitat de docenas de especies de insectos, aves, anfibios o mamíferos. De eso, precisamente, se trata.

La exposición permanente de Ataria ofrece un entretenido recorrido interactivo a través de diversas instalaciones táctiles. A diferencia de lo que ocurre en los museos, el centro reclama a sus visitantes que hagan uso de sus sentidos para, por ejemplo, comprobar la textura de la cornamenta de un ciervo, inquilino del parque; el olor a ajo del veneno que segrega el sapo partero, vecino del anterior, o para conocer las propiedades medicinales de la cola de caballo, planta que campa a sus anchas por la zona.
Los usuarios se adentrarán también en la historia del humedal antes y después de 1998, cuando el Centro de Estudios Ambientales (CEA) inició un arduo camino para su recuperación hasta convertirlo en uno de los más importantes de Europa. Hay más. Una curiosa instalación permite contemplar, en sólo unos minutos y con un alto grado de realismo, la evolución a la que cada año asiste el parque cuando saluda y despide las cuatro estaciones.
¿Qué sucedería si fallara uno de los organismos que componen la cadena trófica de Salburua? A eso también encontrarán respuesta los visitantes, que, para rematar, podrán acompañar a la garza imperial en su largo viaje de migración hasta Tombuctú a través de Google Earth.
Una sala de descanso con acceso a internet, un auditorio y varios talleres didácticos para escolares completan el complejo de Salburua. Gestionado por el CEA y atendido por cinco monitores, Ataria está ya listo para ser experimentado con los cinco sentidos.